DETENERSE A OBSERVAR ES UN ACTO DE RESISTENCIA

Hoy pasamos una tarde maravillosamente tranquila en la Huerta del Fuego junto a mi perrita Akane, disfrutando y registrando en la bitácora la biodiversidad de uno de los espacios más hermosos de nuestra Urbanización Carlos Lleras Restrepo. En estas páginas quedaron plasmados el plátano que adorna el lugar, las manzanillas y esas manitos que día a día cultivan la tierra. Cuesta creer que hace unos años esto era solo un potrero abandonado. Si pasan por el perfil de @lahuertadelfuego, se van a sorprender con las fotos de cómo ha sido ese hermoso proceso de transformación comunitaria que hoy nos regala un espacio lleno de plantas, aves y arte.
Durante la jornada me pasó algo curioso: una vecina se me acercó muy preocupada a decirme que no me sentara en el pasto porque estaba lleno de ratas que orinaban por todo lado. Sin embargo, en todo el tiempo que estuve allí dibujando, no vi ni una sola. En su lugar, fui testigo de la verdadera vida del espacio: colibríes, pajaritos pichones y algunos insectos raros que valía la pena contemplar. Tampoco sentí jamás un mal olor; al contrario, el aire olía delicioso, a yerbabuena, manzanilla y ruda. Akane estaba feliz olfateando y yo también.
Quiero aprovechar este dibujo para agradecer profundamente a todas las personas que con sus manos y su tiempo han hecho de la huerta el pulmón y el refugio que es hoy. También para que hagamos conciencia de algo clave: la presencia de roedores en las zonas urbanas no la causan las huertas ni la naturaleza, sino la mala disposición de los desechos orgánicos que a veces se dejan tirados en los shuts de basura y otros puntos comunes de la urbanización. La huerta es vida, equilibrio y cuidado.
Los invito a ganarle el espacio al miedo, a sentarse un rato en la huerta, a respirar su aroma y a conectar con el territorio. ¡El cuidado es de todos!
