Cruzar la pérgola: transformar el camino cotidiano en un abrazo al barrio.

Hay tardes en las que el barrio se siente distinto, como si la brisa que recorre las pérgolas trajera una conversación pendiente. Sostener este pedazo de papel frente al ladrillo de los muros y la textura del concreto me despierta una emoción muy particular. Y es que esta es la última postal de aquella serie fotográfica en blanco y negro con la que empezó a germinar el proyecto de Aliento Urbano.
La verdad es que fijar una imagen en el espacio público es un acto de afecto por el territorio. Cuando apoyas un fragmento de memoria gráfica sobre la estructura de la calle, da la impresión de que el entorno respirara de otra manera. Y es que hoy imagino esta pérgola como un museo a cielo abierto: un corredor donde se puedan exponer fotografías, proyectos y obras de arte, convirtiendo esta galería de ladrillo en un lugar en el que de mucho gusto transitar, atravesar y quedarse un rato. Sueño con llenar ese camino de belleza y transformar el paso cotidiano de los vecinos en un encuentro con nuestra propia historia.

Honestamente, entregar esta última pieza no se siente como un punto final, sino como una puerta que se abre de par en par. Curiosamente, este cierre fotográfico se conecta directamente con un paso clave para nuestro territorio: próximamente realizaremos un recorrido de la mano de la Alcaldía Local, con el propósito de observar de cerca e identificar juntos las problemáticas que nos afectan en el día a día.
Defender la memoria del barrio también es esto: habitar el presente con la mirada atenta, participar y buscar soluciones reales para las calles que transitamos a diario.
