Seis años encendiendo la llama: así celebramos el cumpleaños # 6 de la Huerta del Fuego

El pasado domingo, la Huerta del Fuego celebró seis años de vida, resistencia y trabajo comunitario. Desde las 10 de la mañana, este rincón de la urbanización Carlos Lleras Restrepo se llenó de huerteros, vecinos, niños, personas mayores, colectivos aliados y visitantes que llegaron para compartir, aprender y celebrar una historia que comenzó en pandemia y que hoy continúa creciendo como una red viva. La convocatoria reunió a otras experiencias de agricultura urbana y organización comunitaria. Llegaron la Huerta Nukak, la Huerta de Hayuelos, Maleza brava y las abuelas chagreras del Amazonas, para encontrarse alrededor de las Olimpiadas Huerteras, una propuesta de juego y colaboración en la que el premio no era individual: la huerta ganadora recibiría el compromiso de una minga de la Huerta del Fuego.


Entre papas que se pelaban buscando la tira más larga, hogueras que había que lograr encender y diferentes retos, el juego se convirtió también en una manera de reconocerse, compartir saberes y celebrar que el trabajo comunitario puede construirse desde muchos lugares. Las ganadoras fueron Las abuelas chagreras del Amazonas y los participantes recibieron un certificado con un mensaje que invitaba a ser como las micorrizas, parte de una red en la que damos y recibimos, nos conectamos y hacemos posible que la vida se sostenga colectivamente.

La huerta también se convirtió durante la jornada en un espacio para jugar con el cuerpo. El equipo de Slackline instaló una cuerda de equilibrio, hula hulas y otros elementos para que todos y todas pudiéramos experimentar con el balance. La invitación era sencilla, pero profunda: respirar, soltar tensiones, confiar y encontrar un punto fijo con la mirada para aprender a sostenerse. Una pequeña metáfora de muchas de las cosas que implica también sostener un proceso comunitario. En medio de todo esto, también hubo pintura y pancartas. “El poder del fuego para quienes resisten”, “La huerta comunitaria salva al pueblo” fueron algunos de los mensajes que acompañaron la celebración y estas frases no aparecieron solamente como consignas, sino como preguntas y reflexiones sobre la capacidad que tienen las comunidades para organizarse, apropiarse de sus territorios y construir prácticas de cuidado colectivo.

Y, por supuesto, hubo comida. Una olla comunitaria se fue preparando para compartir el almuerzo. Llegaron frutas, chicha, arepitas de bore y otros alimentos, algunos provenientes de lo que se cultiva en la propia huerta. Los perros también hicieron parte de la fiesta. Estuvieron por ahí, acompañando, ladrando, recorriendo el espacio y hasta dejando sus propias huellas en las pancartas. Porque en una celebración comunitaria, parece que nadie se queda completamente por fuera.

Cumplir seis años no es solamente celebrar que ha pasado el tiempo. Para la Huerta del Fuego significa conmemorar seis años de resistencia comunitaria. Este proceso nació en un momento particularmente difícil, durante la pandemia, y desde entonces ha atravesado retos, dificultades, aprendizajes y transformaciones. Aquel lugar que hace algunos años era un potrero, o un botadero de escombros, es hoy un espacio de recuperación y restauración del suelo, un aula ambiental y un aula viva, donde se ensaya permanentemente otra manera de relacionarse con el territorio y con quienes lo habitan. La celebración fue también una oportunidad para que muchos vecinos conocieran de cerca esta experiencia y pudieran acercarse a un espacio que, aunque está ahí, en medio de la urbanización, todavía puede resultar desconocido para parte de la comunidad. Por eso, cumplir años también significa seguir explicando, conversando y despejando los mitos que existen alrededor de la huerta. Significa mostrar que allí no solamente se siembra: se aprende, se restaura, se comparte, se cuida y se construyen vínculos.

La jornada terminó en la hermosa yurta, al llegar la noche nos acogió en su interior, en medio de una escucha colectiva y una conversa mediada por Mashua Colectivo, que acompañó de manera muy cercana la celebración. La conversación comenzó alrededor de lo ocurrido con el terremoto en Colombia, y la experiencia de Ana que viajó a Cali y percibió de cerca todo lo sucedido, mientras se escuchaban también audios de líderes y miembros de comunidades del territorio que contaban desde sus propias voces cómo habían atravesado ese momento. La conversación fue llevando nuevamente hacia una pregunta que había acompañado buena parte del día: ¿Qué significa que el pueblo salve al pueblo? ¿Qué poderosa magia invoca la unión?

Se compartieron sentires, preocupaciones, ideas y propuestas. Una de las historias que más conmovió fue la de una lideresa que, en medio de aquella emergencia, perdió a su perrito. A pesar del dolor y de ese arrugadito corazón, encontró fuerza para continuar y, sobre todo, sintió el acompañamiento de las personas que estaban a su alrededor. En medio de la pérdida, la comunidad también pudo convertirse en refugio. De esa escucha surgieron ideas para fortalecer la organización, mejorar la coordinación entre las huertas, estrechar los lazos y crear estrategias de apoyo mutuo. Porque uno de los grandes aprendizajes de encuentros como este es que cada huerta guarda saberes propios, pero cuando esos saberes se encuentran, la red se hace más fuerte. Quizás por eso una de las ideas que quedó resonando durante la celebración fue que la Huerta del Fuego tiene una manera particular de convocar: cuando la Huerta del Fuego llama, enciende una llama en quienes llegan. Una llama que abriga, que impulsa y que puede convertirse en nuevas iniciativas.

Seis años después, esa llama sigue encendida.