Monumentos de cemento y granito

Esta postal habita hoy en el Parque del Fuego, suspendida sobre el viejo rodadero de cemento y granito. Para muchos, un juego infantil deteriorado, con partes rotas y fisuras profundas causadas por el abandono y la falta de mantenimiento. Para mí, un monumento vivo a nuestra identidad.

Crecí habitando la Urbanización Carlos Lleras Restrepo, jugué en sus plazoletas, corrí por sus manzanas y conquisté estos rodaderos que, junto al del Parque del Agua, siempre me parecieron extraños, largos, únicos… lugares que te hacían sentir en un espacio verdaderamente especial. Verlos hoy desgastados me genera una profunda tristeza, pero también una urgencia: la de rescatar la memoria de nuestra arquitectura.

Mientras Bogotá migra hacia parques idénticos, de plástico, metal y diseños genéricos, estas estructuras de cemento y ladrillo resisten. Llevan más de 30 años soportando el sol, el frío y la intemperie de la sabana, demostrando la nobleza y la fuerza de los materiales con los que se fundó nuestro barrio. Ya casi nadie se desliza por ellos, su función ha mutado; hoy no son solo juegos, son esculturas urbanas, guardianes de la memoria colectiva y de la historia constructiva de nuestra comunidad.

Identificar la grieta no es solo señalar el descuido; es el primer paso para la apropiación de nuestro territorio. Recuperar el espacio público empieza por recordar por qué es único. No permitamos que se borre lo que nos pertenece. Corramos la voz, busquemos los archivos, protegemos nuestra identidad de cemento y granito.